Duelo interrupción embarazo

Si la muerte de un hijo o hija en el útero, o con poco tiempo de vida, es un tabú importante en nuestra sociedad, la interrupción legal del embarazo (ILE), causada por problemas médicos de la criatura que está en camino, todavía lo es mucho más. Esta «decisión» siempre está en contra del sentir de nuestro corazón.

He querido dar un espacio especial a este duelo en mi página web con el deseo de contribuir a la visibilidad de la realidad de las interrupciones del embarazo.

Una experiencia en primera persona

Comparto aquí mi experiencia personal. Me expongo para sumarme al objetivo de romper los estigmas y prejuicios que hacen que estas pérdidas tengan que ser vividas en la penumbra, rodeadas de culpa o con gran miedo a ser juzgadas.

La información nos empodera y nos capacita para elegir cómo caminamos nuestras vidas.

El Amor hacia nuestros hijos e hijas es el denominador común entre las mujeres que hemos vivido un duelo perinatal o gestacional, independientemente de las circunstancias.

La vida me llevó a vivir en primera persona la experiencia de acompañar a mi propio hijo a morir en el vientre. Su nombre es Bruc. Me gusta nombrarlo. Fue, sin duda, la experiencia más dura y difícil que he vivido.

Te pongo en antecedentes. Viví mi primer embarazo sin ningún susto médico, todo salió bien. En mi segunda gestación, me supe embarazada durante poco tiempo; fue el primer contacto con la pérdida en mi vientre. Y, en el tercero, llegaron los desafíos más importantes.

En el cribrado del primer trimestre nos salió un alto riesgo de enfermedades genéticas y tuvimos que ponernos en la piel del Dilema. La Culpa ya apareció solo con plantearme si seguir para adelante. Después de semanas de incertidumbre, resultó ser una falsa alarma y todo parecía estar bien.

La alegría duró poco porque, en la semana 20, se detectó que nuestro hijo tenía algunas malformaciones y dificultades muy graves que no dejarían de aumentar. Durante 11 días tuve que prepararme para despedir y ver nacer a Bruc sin vida.

En esos 11 días, mi pensamiento obsesivo fue encontrar la mejor manera de acompañar a mis hijos en esta experiencia: al pequeño, que tendría una vida muy corta, y a la mayor, que perderían a su hermano, tan deseado y amado.

Vivir este proceso bien informada y acompañada fue clave. A pesar del brutal dolor y la tristeza que experimenté, también sentí mucha paz y amor gracias a «cómo» transitamos el proceso. Cada paso fue importante. Me encantaría que ninguna mujer esté desinformada ni se sienta sola en este camino.

Como psicóloga perinatal hacía años que acompañaba a mujeres y familias con pérdidas gestacionales y neonatales. Ahora, gracias a Bruc, mi hijo, siento que todavía lo haré desde un lugar más amplio, con mayor perspectiva y recursos.

Tanto si estás a las puertas de vivirlo, como si lo has vivido, como si es una amiga o hermana quien está pasando por ello, tened en cuenta los recursos y la  información que ofrece la Asociación A Contracor. En Instagram y Facebook podéis seguirlas.

Contad conmigo si queréis que os acompañe.